Migrar con propósito: Una reflexión personal desde la experiencia migratoria
Cerrar un círculo: una historia personal
Actualmente me encuentro en Piemonte, Italia, en un proceso personal de obtener mi propia residencia y eventualmente la ciudadanía italiana.
Este camino tiene un significado que va más allá de lo legal; en mi caso personal, es en cierto modo una forma de cerrar un círculo familiar, al haber sido el primer miembro de mi familia que visitó Italia hace ya algunos años por primera vez, sin saber que con el tiempo se convertiría también en un hogar para mí, y en mi tercera patria y nacionalidad, luego de Argentina y Perú.
Mi abuelo materno, Leonardo, dejó su natal Giarre, una pequeña comuna cerca de Catania – la famosa ciudad italiana por su cercanía al volcán Etna – y, partiendo del puerto de Génova, emigró a Argentina hace ya un siglo, alrededor del año 1925.
Un año después, mi abuela Alfia siguió el mismo camino. Se casaron mediante un poder a distancia y así empezó mi historia familiar y personal.
Hoy, casi un siglo después, regreso – desde otra realidad, desde otra identidad – al lugar de origen de esa historia migratoria. Pero el regreso no es lo que uno imagina: está lleno de búsquedas, emociones, comparaciones, algunas frustraciones y una extraña sensación de entender situaciones, expresiones y palabras que pronunciaban mis abuelos y luego mi madre compartía, y que muchas veces percibíamos como erradas o fuera de contexto. Esas son memorias que aún guardo de pequeño.
En ese contexto, la experiencia de vivir parcialmente en Italia ha sido reveladora, y también una suerte de viaje de conexión con mis ancestros, muy profundo y emotivo. Hoy caminaba mirando el paisaje que aprecian en la foto de este artículo: los viñedos en la zona de Piemonte, al norte de Italia, con colinas muy verdes en plena primavera, viñedos y frutales por todas partes, como un páramo de paz infinito. Recolecté muchas flores silvestres, que aquí son muy comunes; mis amigos y familia saben que soy amante de las flores y de sus colores.
Más allá de la residencia: el verdadero propósito del expatriado
En el ámbito del derecho migratorio internacional solemos hablar de normas, visas y procedimientos. Sin embargo, la experiencia real del migrante – esa que no figura en muchas veces aburridas leyes migratorias – tiene que ver con algo mucho más profundo: el sentido de pertenencia, de conocer lo nuevo y tratar de ser parte de ello.
Durante años he acompañado a ciudadanos de muchos países del mundo que han decidido establecerse en Perú, a veces por unos años, a veces para siempre. He visto sus procesos de adaptación, sus aciertos y sus dificultades. Pero hoy escribo desde un lugar distinto.
No solo como abogado, sino también como migrante, compartiendo mi experiencia personal y las sensaciones que percibo desde mi oficina y en nuestro trabajo cotidiano.
El Ikigai y la paradoja del migrante
El concepto japonés de Ikigai, popularizado por los autores españoles Héctor García y Francesc Miralles en una obra traducida a más de 70 idiomas, nos habla del propósito de vida.
Entre sus conclusiones más relevantes destaca una idea fundamental: la vida en comunidad es esencial para el bienestar. El sentido de pertenencia es lo que da significado a la vida cotidiana y constituye el eje central de la vida en comunidad.
Y es precisamente aquí donde aparece la paradoja del migrante.
Cuando el experto se convierte en extranjero
Durante años, en Perú, me he encontrado en una posición cómoda:
Soy quien conoce el sistema, quien entiende la cultura, quien sabe “cómo funcionan las cosas”.
Puedo orientar a un cliente extranjero sobre dónde vivir, qué zonas elegir, dónde disfrutar de un buen ceviche, cómo traer su mascota o su contenedor desde su país de origen o cómo moverse en la ciudad.
En ese contexto, uno se convierte casi sin darse cuenta en un referente local.
Pero en Italia todo cambia.
Aquí, en Piemonte, la realidad es distinta. Aquí soy yo el extranjero.
A pesar de tener raíces italianas, de compartir una historia familiar con este territorio, la experiencia cotidiana es clara: no soy parte de la sociedad local, y eso se siente en los detalles más simples.
Aquí existe una expresión italiana, especialmente en el sur de Italia, llamada dolce far niente, que significa “el dulce placer de no hacer nada”.
Debo aclarar que no se trata de pereza o improductividad. Es, más bien, disfrutar el momento sin culpa, como tomar un café espresso, estar presente sin necesidad de producir, encontrar placer en la pausa; es decir, disfrutar de tu propio momento íntimo y personal, incluso con un toque dulcemente egoísta, conectado con tu interior.
Retomando: el proceso de pertenencia
El proceso de conexión o pertenencia implica también resiliencia: ser flexible y amigable contigo mismo. Esta actitud te ayudará a no frustrarte con los pequeños obstáculos del día a día.
No se trata de grandes dificultades, sino de una suma de pequeños desafíos constantes: los matices del idioma que no siempre se dominan, los códigos sociales implícitos, las formas de hacer humor, contar un chiste, las tradiciones que no se comprenden del todo o incluso el hecho de que gran parte del día gire en torno a la comida.
Cada conversación, cada trámite, cada interacción cotidiana requiere un esfuerzo adicional y genera un agotamiento de concentración idiomática y de comprensión de lo nuevo.
La incomodidad como aprendizaje
Esta experiencia me ha permitido entender, desde dentro, algo que antes solo observaba desde fuera.
Siempre digo una frase que me gusta: atrévete a “cruzar el puente”, expresada de forma metafórica, cuando veo que una persona ya está integrada o va en ese camino.
Es importante tener en cuenta que migrar implica una permanente mezcla entre identidad y adaptación.
Es una sensación difícil de explicar, pero fácil de reconocer:
Estar presente, pero no completamente integrado.
Tener raíces, pero no pertenecer.
Entender, pero no del todo.
Esa sensación agridulce que muchas veces no sabemos cómo expresar, pero que sentimos. Estoy seguro de que muchos expatriados entenderán perfectamente a qué me refiero.
La importancia real de la integración
Es aquí donde el Ikigai deja de ser una idea lejana de una cultura distante y se convierte en una necesidad concreta, porque en su esencia es algo universal.
Uno entiende que la verdadera estabilidad no proviene de una visa, una residencia o un estatus legal. Eso solo es una herramienta que nos da tranquilidad y legalidad, pero no nos da la inserción social.
La verdadera estabilidad proviene de algo mucho más profundo: las relaciones humanas, la conexión con el entorno y la participación en la comunidad a la que uno va a pertenecer.
Un comentario personal para el expatriado en Perú
Esta experiencia en Italia me ha permitido revalorar el proceso de quienes llegan a Perú, porque ahora sé – desde la vivencia – que:
Aprender el idioma no es opcional.
Integrarse no es automático; requiere un esfuerzo diario.
Pertenecer toma tiempo.
Siempre existe la posibilidad de volver al lugar donde uno no fue feliz: basta con comprar un pasaje de avión y cerrar algunos asuntos administrativos.
Pero el verdadero éxito migratorio no se mide en documentos, sino en la capacidad de sentirse parte de un lugar.
Perú e Italia: dos caras de la misma experiencia
En Perú, muchos expatriados viven el proceso inverso: llegan con entusiasmo, pero enfrentan diferencias culturales, relaciones personales que no resultan como esperaban, barreras sociales y momentos de desconexión.
Hoy, desde Italia, entiendo mejor ese proceso y, en cierto modo, lo comparto.
Reflexión final
El derecho migratorio abre puertas, pero no construye hogares.
El Ikigai nos recuerda que la vida cobra sentido cuando existe conexión.
Y esa conexión no se logra con un visado. Se construye con tiempo, con apertura y con la voluntad de pertenecer.
Conclusión
Hoy, como abogado y como migrante, tengo una convicción más clara que nunca: migrar no es cambiar de país… es aprender a habitar otra parte del planeta y, sobre todo, otra cultura.
Y en ese proceso, tal vez también nos reencontramos con nosotros mismos. Ese es mi mejor deseo, porque no hay ciudad o país perfecto.
Los momentos de felicidad los construimos nosotros mismos. La geografía es solo el fondo de la foto. Lo importante está dentro de ti.
¿Pensando en migrar a Perú?
Si estás considerando vivir en Perú o tienes dudas sobre tu proceso migratorio, estamos aquí para ayudarte.
Aunque actualmente me encuentro en Italia, nuestro trabajo en Lima continúa con normalidad gracias a nuestro equipo local y a las herramientas digitales que nos permiten seguir en contacto directo contigo.
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